sábado, 29 de marzo de 2014

LA PARADOJA DE LOS CLONES


Del libro "Travesia a Vulcano. La peligrosa aventura del pensamiento" 
 
EL REGRESO DE LOS INMORTALES
 
 
Señalé anteriormente que el pensamiento mágico con sus derivadas: las religiones, la creación de dioses y el concepto de alma inmortal, fue la solución provisional a la angustia de la muerte futura, experiencia novedosa en la naturaleza y que sólo ha sido sufrida por el homo sapiens.
 
A su vez, señalé que el pensamiento creativo práctico no se quedó atrás e inventó la medicina.
 
Ambas formas de pensamiento buscan una sola finalidad: armonizar la angustiosa situación de un ser finito que, sin embargo, por los extraños juegos e imperfecciones evolutivas, es capaz de concebir el infinito y por ello, no acepta su muerte.
 
¿Han reparado alguna vez que la finalidad de la medicina es la inmortalidad humana?
 
Creo que muchos médicos ni siquiera han visualizado las consecuencias últimas de su profesión. Si la medicina fuese perfecta, es decir, si tuviera los remedios para todas las dolencias, los seres humanos serían inmortales.
Mientras más avanza la ciencia médica, ya sea por prevención o reacción, más se alarga la esperanza promedio de vida.
Si la medicina fuese capaz de combatir exitosamente sólo unas cuantas patologías, sobre todo, las que detonan el proceso de envejecimiento del cerebro y el cuerpo, los seres humanos perfectamente podríamos vivir el doble o el triple de nuestra vida promedio actual.
 
Lo ilógico de nuestra situación existencial, producto de la evolución que nos dotó de una capacidad de anticipación extraordinaria pese a que somos seres de corta vida, se resolverá efectivamente mediante los aportes del pensamiento creativo a la ciencia médica.
 
Es una lástima que, tal vez, a los de nuestra generación no nos toque esa suerte, pero al menos, tenemos el consuelo que no podemos angustiarnos por no tener una solución a un beneficio que desconocemos.
Cuando el hombre sea capaz de dar este enorme avance el pensamiento mágico perderá una de sus últimas vigas maestras: el miedo a la muerte.
 
Sin la muerte, el pensamiento mágico desaparece. Deja de tener sentido. Pero hay un pequeño detalle donde este puede refugiarse: la imprevisibilidad de la vida:
 
“¡Claro! —dirá alguno—. la medicina puede alargar nuestra vida en quinientos años si se quiere, pero nada me protege de un accidente aéreo, una explosión, un asesinato o un incendio, donde muera sin más trámite”.
 
Por ello debo anticipar otro camino para la inmortalidad que, tal vez, se alcance antes que la perfección de la medicina y que es la trasformación de la memoria biológica en digital.
 
 
Ya hay atisbos de esta extraordinaria revolución tecnológica. Hay equipos que permiten que un avión obedezca ordene del piloto con sólo pensarlo; similares avances se están dando en soluciones para personas inválidas. Es decir, se pueden transmitir impulsos del cerebro que configuran pensamientos y trasmitirlos a través de un artilugio tecnológico.
 
Si más adelante se logra que los pensamientos cristalizados o empaquetados como memoria, sean capaces de transferirse a un medio digital y a la inversa, restituirlos a un cerebro, estaremos muy cerca de un concepto de inmortalidad absoluta.
 
¿Por qué sostengo algo tan aventurado?
Porque los seres humanos somos, simplemente, un conjunto de recuerdos: intelectuales, emocionales o motores; es decir las tres distintas memorias de nuestro cerebro trino.
Su personalidad, su alma, su carácter, su “yo”, su historia personal, son  nada más que recuerdos. Si usted sufre un ataque de amnesia y olvida todo lo que ha vivido, deja de ser “usted” y pasa a ser un nuevo individuo que construirá un nuevo “yo” e historia personal desde cero.
Lo que usted llama su vida es la suma de todos sus recuerdos, desde los más recientes e inmediatos (la comprensión casi instantánea que hace al leer estas palabras, por ejemplo) y hasta sus recuerdos más remotos, en sus diversas facetas, sentimentales, emocionales, motrices, intelectuales.
Su individualidad se la da la permanente presencia de ese yo virtual, surgido en las tempranas eras de nuestro desarrollo cerebral,  en interacción con todas esas experiencias.
 
Entonces, si se diseña una forma para almacenar nuestros recuerdos en una fuente externa y luego restituirlos a un cerebro, por ejemplo, el de un clon de la persona, el individuo, si fallece, sólo perderá el recuerdo de los sucesos vividos hasta el momento que hizo su “ultimo respaldo de información”, pero para adelante todo seguirá igual o casi igual.
 
La paradoja de los clones:
Cuando discutíamos este tema con colaboradores de este ensayo, surgió una curiosa paradoja: si un ser transfiere su memoria a un clon de sí mismo, subsistirán dos “Yo”, que curiosamente no pueden tener conciencia el uno del otro, pese a ser la misma información y en definitiva la misma persona.
El pensamiento humano aún no se ve en la obligación de reflexionar sobre los efectos en el “Yo” en el caso de una duplicación de información personal que es, en el fondo, la esencia de la individualidad.
El tema es aún más extraño si se da el caso que un tipo agonizante transfiere su información personal a un clon.
Su yo no sobrevivirá, porque seguirá ligado al ser que está muriendo y su último recuerdo serán los últimos pensamientos antes que su cerebro pierda la consciencia. Paradojalmente, existirá otra versión de sí mismo, que a lo mejor reflexionará sobre su muerte mientras estaba en su cuerpo viejo, pero el yo del agonizante no se traspasa.
Finalmente, concluimos que cuando exista este método de transferencia de memoria personal, debería abarcar especialmente  los últimos pensamientos del individuo agónico antes de perder su último instante de conciencia de modo natural o apoyado artificialmente. Este último recuerdo o recuerdo marginal, como diría un economista, tendría que ser traspasado al clon. De esa forma podría tenerse la sensación de continuidad del Yo.
Tal vez, estas son locas especulaciones, pero estamos en una detención en nuestro viaje a Vulcano, jugando con nuestras posibilidades imaginativas y anticipatorias.
La clonación ya existe, no se ha avanzado en la prueba con humanos por remilgos éticos fomentado por las religiones tradicionales; la transmisión de impulsos mentales a ordenadores, también ya existe. Falta investigar cómo traspasar memoria digital a un cerebro y que este lo reconozca y falta determinar con más detalle exactamente dónde y cómo se almacenan los diferentes tipos de recuerdos, para poder hacer los proceso de transferencia de información de una lado al otro y viceversa.
Tal vez estas especulaciones no son tan osadas como parecen.
 
Cuando los seres humanos sean capaces de conservar  su existencia, por medio de la medicina o la clonación, y la esperanza de vida se corresponda con la vocación inmortal de su cerebro, habremos logrado la más grande de las reconciliaciones existenciales pendientes en nuestra especie.
Seremos testigos de la vuelta de los inmortales, de los dioses creadores y eternos, pero encarnados, no en vanas fantasías, sino que en nosotros mismos.
 

domingo, 16 de marzo de 2014

TRAVESIA A VULCANO IDEDICATORIA


UNA DEDICATORIA IMPRESCINDIBLE

 

 

Este libro está dedicado, como es de suponer, a todas aquellas personas de mentalidad razonada y crítica que tienen un interés genuino en la búsqueda de respuestas sólidas a las grandes incógnitas de la naturaleza, el hombre y el Cosmos.

 

Sin embargo, está especialmente dedicado a los pensadores mágicos de distinta naturaleza, ya sean religiosos, místicos, políticos o de cualquier sistema de creencias que configuren un modelo del mundo, del ser humano y su futuro, basados en impulsos emocionales o ideas no sustentadas en evidencias válidas.

 

Espero que sean los primeros destinatarios de este ensayo, todos quienes sufrieron los graves efectos sicológicos de haber pertenecido a un tipo de secta, grupo, o religión, las que abandonaron por diversas razones y que se encuentran hoy experimentando depresiones, sentimientos de angustia, carencia, desamparo o la profunda frustración que tales procesos de separación acarrea.

 

Confíen todos ustedes en que este libro les será de gran ayuda, ya que no está redactado al estilo de un  individuo  de formación académica o científica que mira desde fuera ese tipo de procesos. Por el contrario, quien les habla es un ex pensador mágico que recorrió durante muchos años todo ese mundo de mitos y esperanzas falsas, imbuido de la misma maravilla y exultación que produce el sentirse partícipe de grupos selectos de elegidos o iluminados que ven “la realidad”, a diferencia de los otros pobres mortales o pecadores perdidos en las tinieblas de la ignorancia y el materialismo.

 

Si al finalizar su lectura, no puede reprimir una carcajada o al menos, una sonrisa algo avergonzada, conjurando así definitivamente todos los fantasmas y el peso de la noche que lo acosaba por haber abandonado a esos grupos de “iluminados”, falsos Gurúes, Maestros, o intermediarios con la Divinidad, significa que el principal objetivo de este libro se ha cumplido… y créame que será así.

 

 

sábado, 8 de marzo de 2014

EL PROBLEMA DIFÍCIL DE LA CONSCIENCIA: LA SOLUCIÓN NEUROMETAFÍSICA.

La NEUROMETAFÍSICA   surgió justamente para darle solución al problema difícil de la consciencia aunque sus alcances fueron mucho mas allá de lo previsto en un principio.

¿Cómo la Neurometafísica da solución al problema?

De una manera muy sencilla, pero difícil de aceptar ... percatándonos realmente de qué significa aquello que percibimos.
 
David Hume y Richard Avenarius fueron de los pocos que aceptaron que el ser humano, en realidad, es un evento de percepción; no tiene una materialidad física inmersa en un universo común compartidos con otros individuo, plantas, animales y cosas.
 
Si nos detenemos a reflexionar un momento, nos damos cuenta que todo pertenece a nuestra consciencia, tanto las cosas que  llamamos "materiales", como una piedra o una estrella y las inmateriales, pensamientos, recuerdos, imaginerías.
Nada puede escapar a la consciencia, porque si existiese algo que escapase a ella no podríamos percatarnos de su existencia. Luego la Consciencia es un termino implicado con  Universo, ya que se suponen mutuamente. Si observo un universo (da lo mismo el número de objetos de los llamados mentales o físicos que lo integren) quiere decir que soy consciente de él; y si digo que soy consciente de algo, supone un universo de esos "algos", porque la consciencia vacía no tiene sentido; por el contrario, es la suma de los objetos ideales o materiales que en ella se manifiestan.
 
Entonces, vemos que el problema difícil se disuelve... Tanto lo mental como lo material son aspectos de un evento de consciencia y poseen la misma naturaleza.
Por ejemplo: si estás experimentando un sueño vívido y en ese sueño actúas y piensas, es decir, hay mente, hay cerebro, hay cuerpo. No podrías decir que los pensamientos que se generan en tus sueños son provocados por el cerebro de tu persona onírica  en ese sueño. Ambos se manifiestan, independientes uno de otro,  y además son de la misma naturaleza. Por decirlo así, en un sueño tanto mente como cuerpo están hechos de "materia onírica".
 
Para mas detalles recomiendo revisar mi otro blog http://neurometafisicaxxi.blogspot.com/
 
 

viernes, 7 de marzo de 2014

NEUROMETAFISICA Y CONSCIENCIA


   El Efecto Ventana.

(Una primera aproximación errónea, pero necesaria).

 Lo primero que tenemos que comprender es algo curioso. Nosotros no vemos hacia afuera como nuestros sentidos tienden a hacernos creer. Las imágenes visuales se producen en el cerebro, no afuera de  los ojos. Los ojos solo captan las señales luminosas que los conos y bastones (las células oculares) transforman en impulsos eléctricos que viajan al cerebro para que este construya la imagen.

Nosotros pensamos que lo que vemos está afuera por la increíble coordinación que adquirimos, a medida que crecemos, entre nuestro sentido de la vista y el tacto. Cuando somos bebés no coordinamos bien entre lo que nuestro cerebro registra como realidad y nuestras manos. A medida que esta coordinación se va afinando y nuestro cuerpo empieza a desplazarse por el entorno, vamos adquiriendo, cada vez más, una fuerte vinculación entre lo que registramos visualmente y el efecto somático que produce.

En consecuencia, sufrimos de un “efecto ventana”. Creemos que nuestros ojos son ventanas al exterior y cuando los cerramos, es equivalente a cerrar la ventana.

Por el contrario, y debo insistir en esto: nosotros vemos hacia adentro, como si tuviéramos al interior de la cabeza una pantalla mental. De lo contrario, no existirían los sueños vívidos. En un sueño vívido el cerebro recurre a sus memorias de cuadros sensoriales y recrea una realidad interna sin necesidad de que los órganos perceptores le proporcionen información.[1]

 

Me he permitido esta cita personal, ya que aclara muy bien lo que es el denominado efecto ventana. Lo he ejemplificado con la vista, ya que es nuestro sentido más desarrollado y, por lo mismo, el mayor forjador de la ilusión que hace creer al Observador que lo que ve esta a fuera.

El gran Neurocientífico español Francisco Mora lo explica de la siguiente manera:

 

 “…las neuronas de la retina no copian nada del mundo externo, sino que detectan cosas  que son las que enviará luego al cerebro para su posterior procesamiento. Como señala Blackmore (1976): Las neuronas presentan argumentos al cerebro basados en las características especificas que detectan (en el mundo exterior), argumentos estos con los que el cerebro construye su hipótesis de la percepción”[2].

 

Esta es una idea sobre la que se debe insistir: si el Observador  levanta la vista de este texto y recorre toda la habitación, no puede evitar tener la convicción de que se encuentra sentado en un determinado ángulo de la habitación  y que, a medida que mueve su cabeza, lo que observa son los elementos de la realidad que lo rodean.

Debe el Observador  hacer un esfuerzo y comprender lo que realmente ocurre: todo lo que atestigua con su visión  se está produciendo dentro de su cerebro. Si alza las manos y las ve, eso también está ocurriendo dentro de su cerebro. 

Si cierra los ojos y se imagina o rememora la escena que acaba de contemplar, tendrá una imagen más accesible de lo que significa que la realidad se esté produciendo dentro y no afuera.

"Nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios”[3].

 



[1] Salinas, Nolberto, Travesía a Vulcano,  Editorial Catalonia, Santiago, Chile, 2011.
[2] Mora, Francisco, Como Funciona el Cerebro; Pág. 108.
[3] Fernández,  Aitor, Sobre «Neurociencia» y Psicología, http://filosofiaymente.zoomblog.com/